Como todo recorrido que se precie, Casa Stroop, (mordisco holandés), también tuvo un inicio.
Sucedió poco después de 2020, recién desembarcados de aquel periodo de parón generalizado. La hija de Isabel obtuvo la oportunidad de estudiar en Países Bajos parte de su carrera profesional. “A base de ir a visitarla me enamoré del país.”
De ingeniera a obradora.
Pero, ¿cómo una ingeniera industrial acaba decantando su vocación hacia la cocina? “Pude ejercer durante años como auditora de calidad para grandes firmas. Sin embargo, la cultura gastronómica siempre estuvo presente en mi familia. Digamos que mi trabajo fue uno, pero mi verdadera vocación estuvo siempre entre fogones. Por lo que no me costó decidir explorar un país encantador en ese sentido. Y descubrirlo.”
“Amsterdam, La Haya, Utrech, Rotterdam, Eindhoven…. Recorrí cada ciudad y las hice mías para saber de ellas lo que me permitieron.”
“He desayunado en sitios que parecían sacados de cuentos. Y he merendado sus galletas Stroopwafel, sus minipancakes Poffertjes, sus Pepernoten de Navidades…”
Así hasta que del paladar y disfrutar de instantes memorables, el amor por la cocina abrió en ella una idea sorprendente: Isabel tuvo claro que su secreto debía ser compartido. Por ello, “tomé la decisión de llevar a Madrid la esencia de aquellos rincones encantados que descubrí.”
Como todo recorrido que se precie, Casa Stroop, (mordisco holandés), también tuvo un inicio.
Sucedió poco después de 2020, recién desembarcados de aquel periodo de parón generalizado. La hija de Isabel obtuvo la oportunidad de estudiar en Países Bajos parte de su carrera profesional. “A base de ir a visitarla me enamoré del país.”
De ingeniera a obradora.